He de decir que he llegado al extremo en el que siento que estoy pasando de masoquismo y perseverancia a resignación y autoestima.
Se muy bien que rogándote no llegaré a nada, y también se que talvez no sirva de mucho estar esperando, manteniendo viva esta ilusión, que tan sólo lastima mi corazón.
No sé bien qué pasa por tu mente, claro que quisiera poder estar ahí y ver si algún día piensas en mí, como yo lo hago contigo.
No he podido olvidarte del todo, pero sí debo decir que ya no paso las veinticuatro horas del día recordando tu nombre. Ya no paso las veinticuatro horas del día gritando que vuelvas conmigo.
Creo que de una u otra forma ha brotado en mí el sentimiento de resignación de que te perdí y el autoestima que debí tener desde el primer día que te oí decir que no querías verme cerca, tenerme y mucho menos sentirme cerca.
Tan duras pueden resultar estas palabras, pero vuelvo a repetir que ya no lastiman como al principio, ya no te siento tan dentro de mí, pero sí es verdad que no puedo dejar de pensar -en algunos momentos de soledad- en los momentos que vivimos, las veces que nos vimos, los días en que nos consumimos, y las noches en que soñamos con ser una estrella y flotar muy cerca en la inmensidad del cielo.
He de decir también que te has llevado parte de mi vida contigo, porque de cualquier manera siempre presentí que eras el indicado y lastimosamente nunca pude averiguarlo.
Dios sabrá si algún día une nuestros caminos o nos aleja de una vez por todas, mientras tanto, te dejo estas palabras de resignación, con el autoestima en donde debe estar; y porque la perseverancia y el masoquismo, los dejo para alguna oportunidad en donde se que al final diré que me costó un triunfo pero que valió la pena.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados